No creo que haya mayor soledad que la que puede sentir una persona delante de una hoja de papel en blanco, dispuesto a reflejar en el sus ideas, y que tozudamente sigue en blanco a lo largo de las horas, un par de tachones, alguna linea inconclusa, un par de frases sin sentido, y hojas y más hojas llenando en infames bolas vacías de ideas la papelera y sus alrededores. Tozuda la idea que ha de brotar? Vale, le responde el desafortunado aprendiz de escritor, yo no tengo prisa, ya saldrás....pero parece que el juego se eterniza y la musa se distrae observando las musarañas, y el que se las prometía tan felices, el que solo un minuto antes de sentarse ante la blancura del folio, tenía el total convencimiento de que verter en él las ideas que con tanta claridad asomaban antes, nota que poner negro sobre blanco puede ser una angustia tal, que nota como increiblemente, la hoja gana la partida y sigue inmaculada.
Difícil hazaña afrontamos, que ni un pensamiento medianamente lógico hilvanamos con el siguiente. Y si cambiamos de idea y oficio y pasamos a ser "emborronador" ? ......Triunfaremos?
Gambatte kudasai!..
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