Cap. 2.
Entramos en el bar, ella agarrada a mí como un naúfrago a una tabla en medio de la tormenta, en la barra hay cinco o seis clientes con pinta de habituales, de esos que no salen del local hasta que ven el fondo de la botella que han comenzado, al parecer en ésa zona se encuentra el objetivo de nuestra actuación.
Hace como que entra, como que sale, y la guío con decisión hasta una de las mesas del fondo, se sienta de espaldas a la entrada y acerca su asiento hasta casi confundir sus piernas con las mías. Llega la camarera, me conoce de alguna otra vez, soy bebedor infatigable de café y conozco todos los bares de la zona que tienen cafetera. Pide dos copas más, lo mísmo del bar anterior.
Me empieza a contar que su anterior pareja (creo que sigue pillada de él) es un tipo de unos cincuenta, pelo cano, de mi estatura aproximada, vestido con una americana color camel, y a quien yo tengo a la vista. Su máximo interés radica en saber si le mira o no. El tipo apura lo que tomaba y sale por la puerta sin dirigir ni una mirada atrás, eso le incomoda y comienza a comentarme que está al parecer "liado" con una de las camareras del local, no la que nos sirvió, otra que ahora no se encuentra aquí.
Habla atropelladamente, pasa de un tema a otro, se pierde en su propia conversación, se acerca cada vez más, se le nota que necesita contacto, quiere ser tocada, le cojo las manos, las dos, le miro fijamente a los ojos y ella se retira las gafas, tiene unos bonitos ojos color azul, algo desvaídos de color, y mirada perdida, típica de las personas que han llevado gafas muchos años y que sin ellas no centran bien la mirada.
Mira mi reloj, es un reloj que tengo hace poco, unos días, lo compré por que su numeración no es habitual, no lleva las horas indicadas, solo los minutos. Ella habla del correr del tiempo, de que las cosas buenas pasan volando, y las buenas son un suspiro. Le abrocho en su muñeca mi reloj, ella dice que no usa reloj, que no le gusta que le midan el tiempo. Cuando le explico que mi reloj no mide los días, no mide las horas, solo refleja los minutos, y que cuando una hora pasa, vuelve a indicar lo mísmo que la anterior, y da la sensación que el tiempo vuelve, se queda mirandolo, le cambia la mirada, me lo pide, dice que le encanta .........y se lo regalo.
No puede creerlo, me insiste hasta la saciedad si estoy seguro, que si es cierto que se lo regalo, le ha cambiado la mirada, parece una niña con zapatos nuevos, mira y remira el reloj en su muñeca, me mira a mí, y algo dentro de ella ha cambiado, ya tiene dos puntos de atención diferentes a los que tenía cuando entramos, ya no le importa si en el bar le conoce todo el mundo, si su ex entra o sale, ahora solo existen para ella, quien está frente a ella, y su "nuevo reloj que no mide el tiempo".

